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martes, 16 de noviembre de 2010

El convite de Ciudad Vieja

Era costumbre en la víspera, anunciar el recorrido con un convite. En cada esquina se quemaba una bomba. Se iniciaba con los encamisados montados a caballo. Iban vestidos de blanco con cintas celestes y las patas de los caballos, adornadas con cintas rojas y doradas. Se cubrían la cara con un velo. A cambio de ayuda económica voluntaria, repartían hojitas con unos versos dedicados a la Virgen María que escribía Juanito Solares. Le seguían las “partidas de fieros” que eran grupos de parejas con disfraces especiales y cubierta la cara con una máscara hombre y mujer que danzaban en cada esquina al compás de una marimba sencilla. Personaje jocoso y que jamás faltaba, era el Mico… En una mano llevaba un chicote y en la otra una alcancía. Pero su papel principal era el de sacar el “de repente”. Danzaba alegremente y de pronto decía “Yo te saco de repente. Y te saco de un baúl, para mis frutas me ha de dar, mi amigo don Raúl.” Acercaba la alcancía a don Raúl para que depositara su óbolo y con el chicote amenazaba cualquier desplante y no se retiraba hasta que don Raúl soltaba la monedita.

Seguía el tambor y el pito, que anunciaba que detrás venías seis u ocho carretas haladas por bueyes adornados con papel brillante.- En la carrocería se levantaban entablados donde se representan por niños y niñas escenas de la vida de la Virgen María. Alegorías artísticas diseñadas con mucho cariño y entusiasmo, como los Siete Pecados Capitales y las Siete Virtudes Teologales. Los niños y las niñas iban revestidos de angelitos, pastores, de reyes magos o de inditos, pero la que más emocionaba a grandes y pequeños era la carroza de los diablos. Al frente el diablo mayor señalaba a una persona y luego la anotaba en un gran libro. Por supuesto, que los que más sufrían eran los niños cuando veían las señas del diablo y creían que su nombre lo apuntaba. Los demás hacían sonar quijadas de buey, al tiempo que soltaban voces de ultratumba.


Desde las primeras horas del 8 de diciembre, los vecinos lucían sus mejores galas y se encaminaban a la iglesia principal para participar en la Misa Solemne. Un coro formado por señoras y señoritas soltaban sus voces cantarinas y el humo del incienso llenaba la nave del templo. Era costumbre que en la plazuela se colocaran numerosos fieles con una granada cada uno. Esperaban pacientes el final de la Misa para quemarlas. Era la ofrenda devocional y amorosa a su patrona.

jueves, 21 de octubre de 2010

Hiatoria de los Retablos Coloniales

La palabra retablo tiene su origen en las voces latinas retro, detrás, y tabula, mesa o altar. Y así es como se denominan a las estructuras que se levantan delante de los muros internos de un templo. Los retablos están constituidos esencialmente por elementos arquitectónicos, como columnas y entablados, los cuales crean espacios destinados a contener pinturas y esculturas. En Guatemala se manufacturaron exclusivamente en madera, preferentemente cedro, muchas veces recubierta con lámina de oro. Además de enriquecer los muros internos del templo y de constituir el principal elemento del mobiliario eclesiástico, tienen como función primordial narrar de un modo gráfico, los principales pasajes de la historia y la vida de los santos, o algún otro tema religioso.

El gran tamaño de los retablos obviamente implica un trabajo colectivo. Según la Historia de la Imaginería Colonial en Guatemala, de Heinrich Berlin, además de los oficiales y aprendices que tomaban parte en su ejecución, cuatro diferentes artistas podían intervenir: ensambladores, escultores, doradores-estofadores y pintores. A los primeros les correspondía hacer el propio retablo con todos los ornamentos tallados. Los ensambladores se encargaban de hacer el propio retablo con todos los ornamentos tallados. Los escultores por su parte hacían las estatuas de bulto o de medio relieve, dejando su parte sin dorar ni pintar. Los doradores doraban los retablos con oro legítimo utilizando a veces en adición matices de otros colores. Ellos mismos usualmente aplicaban el estofado a las imágenes, en cuyo proceso cubrían las imágenes con una delgada capa de yeso sobre tela, en la cual luego aplicaban oro y pintura. Finalmente, los lienzos de pintura eran hechos por pintores profesionales.

Varios cronistas del reino de Guatemala han dejado atestiguado en sus obras las diversas formas de ornamentar los templos, así tenemos que Fray Antonio Remesal primer cronista del reino, menciona entre 1615 y 1617 que los retablos eran muy pobres en esta época. Luego de la pobreza inicial que Remesal señala, se tiene otro testimonio de Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán para la última década del siglo XVII, quien describe los ornamentos de los templos como "...elegantes... adornados de pulidos y maravillosos retablos, ricos, majestuosos ornamentos...". En su obra, la Recordación Florida, se encuentran innumerables citas en las que se señala la riqueza de los ornamentos de los templos del obispado de Guatemala, principalmente en el altiplano central y occidental.

Con el paso del tiempo y por varias razones, muchos retablos guatemaltecos han sufrido cambios iconográficos y formales. Entre las causas principales se pueden mencionar las preferencias devocionales de los fieles, el traslado de los retablos desde La Antigua Guatemala al valle de la Ermita después de los terremotos de 1773, los daños ocasionados a los templos de la ciudad de Guatemala y muchos pueblos del altiplano por los terremotos de 1917-1918 y 1976, así como el desconocimiento del valor histórico y artístico de los retablos, por los encargados de los templos.

lunes, 12 de julio de 2010

HISTORIA DE LA FINCA EL POTRERO EN CIUDAD VIEJA

La finca el potrero se encuentra en Ciudad Vieja, en el departamento de Sacatepéquez, a unos cuantos kilómetros de La Antigua Guatemala. Su ingreso no pasa desapercibido ya que la carretera que viene de La Antigua topa con él y marca la llegada de Ciudad Vieja.

El casco de la finca, que consta de la casa patronal, los patios, el beneficio, el corral y la oficina administrativos, se encuentran al ingreso, y a menos de 300 metros de la Catedral de Ciudad Vieja

Desde cualquier punto de la propiedad, se puede apreciar: al Norte, las colinas que limitan la finca y al sur, el imponente Volcán de Agua en todo su esplendor.

La finca ha tenido varios dueños, aunque todos de la misma familia, ya que ha sido heredada a sus respectivos descendientes.

El primer heredero fue Don Carlos Herrera Luna que adquirió la finca en 1889 bajo Herrera y Co. Limitada. Luego pasó a manos de Carlos Herrera Dorión y éste a su vez, la dejo a sus hijos quienes formaron la sociedad Herrera Hermanos.

En 1979, la finca quedó en manos de dos hermanas, bajo el nombre de Sara Herrera y Condueños.

En 1984 la propiedad se dividió en dos, al morirse las dos hermanas que eran las dueñas, quienes la dejaron a sus hijos respectivamente: una parte a los señores Minondo Herrera y la otra a Sara Arroyo Herrera de Olivero. El tamaño de la finca en ese entonces era de 8 caballerías. Los Minondo Herrera se quedaron con 4.5 caballerías que se dividieron en tres, mientras que el resto, 3.5 caballerías, de Sara Arroyo Herrera de Olivo, actual dueña de la finca, conservo el casco y el nombre de la finca, “El Potrero”

A lo largo de los últimos años se han vendido algunas parcelas, por la construcción de una nueva carretera que atraviesa la finca. Actualmente tiene una extensión un poco menor a 3 caballerías.

La finca originalmente poseía ganado y por lo tanto producía cueros; luego hubo también un poco de cochinilla, así como Nopal, Pero fue entre los años 1920 y 1925, que se empezó con la siembra de café, práctica que sigue hasta nuestros días. Aunque hay que destacar que se han hecho también otros cultivos. De 1985 hasta finales de los años noventa, se sembró frambuesa, mora silvestre, zacateras, nopal, verduras y por mucho tiempo rosas de exportación. Se llegaron a emplear hasta 20 manzanas para cultivos de hortalizas.

La casa patronal es de dos niveles, y fue construida en 1905, aunque el segundo nivel actual se reconstruyo después del terremoto de 1976. Adaptación al agroturismo de Finca El Potrero, Ciudad Vieja, Sacatepéquez

miércoles, 16 de junio de 2010

História del baile de los gigantes, costumbre y tradición en Ciudad Vieja


Los gigantes existen en 90 países, con orígenes muy diversos. Algunas de las figuras ya se hallan documentadas en el siglo XV, tanto en África como en Asia y Europa. Al llegar los primeros europeos a América diversas tribus ya poseían gigantes.

El origen de la tradición en España, data de la Edad Media. Las tierras de la península en la zona musulmana tenían prohibido por el Corán representar seres vivos. Al avanzar la reconquista, con sus repobladores cristianos, desplazando a los pobladores musulmanes, o asentándose en poblaciones separadas, llevaron consigo sus tradiciones. Tal es el caso de Guatemala que adopto tradiciones traídas por los españoles en tiempo de la colonia. En pleno Camino de Santiago, el Reino de Navarra como reino cristiano más importante, del cual además, surgieron las dinastías reales peninsulares, fue durante mucho tiempo el modelo a seguir. Las primeras referencias escritas datan de 1,201 en Pamplona (Navarra) con tres gigantes que representaban a tres personas de Pamplona: Pero-Suciales (leñador), Mari-Suciales (aldeana) y Merá Gotero (judío). Solían salir en la procesión de San Fermín el 25 de septiembre.

Pasó la costumbre al Reino de Castilla en España y sobre todo a la Corona de Aragón. Es costumbre de origen medieval, muy popular acompañada de marchas, y grupos musicales en pueblos y ciudades de Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla - La Mancha y norte de España. Más tarde, la tradición de los gigantes, fue extendiéndose por España y el mundo entero.

Sin duda alguna los españoles que venían con don Pedro de Alvarado impusieron sus costumbres y tradiciones españolas
en tierras guatemaltecas, por lo que el Baile de los Gigantes que Actualmente se ejecuta en varios departamentos de Guatemala, es un gran ejemplo de las tradiciones que nos dejaron nuestros antepasados, probablemente el baile de los gigantes de Ciudad Vieja sea una de las tradiciones más antiguas que aún se conservan en este pueblo.

Cuentan los viejitos de este pueblo que antiguamente los gigantes bailaban de esquina en esquina, con sus cabelleras de muñeca, unos rubios y otros negros como tizón. La marimba viajaba detrás, cargada en hombros de músicos descalzos, de saco azul y corbata negra. Los espectadores nos agrupábamos a su alrededor, distantes de los enormes brazos que giraban repartiendo posibles sopapos, y presenciábamos el espectáculo con una sonrisa dibujada en la cara. Los desocupados seguían el convite unas cuantas cuadras, hasta que eran relevados por la gente de otro barrio. Otras personas buscadas por las cofradías se encargaban de colocar en las esquinas el tubo rojo de base plana, donde quemaban esas bombas pardas con apariencia de ratones de larga cola. El olor de la pólvora tenía un regusto muy particular, mezclado con el tabaco quemado de los puros o cigarrillos sin filtro que fumaban los ancianos.

Debajo del ve
stido de grandes botones, un pequeño bailarín cargaba la estructura de madera. Para no chocar y mantenerse dentro del círculo se disponía de una abertura por el ombligo del gigante. Al principio, bailaban emocionados, y luego se animaban con sorbos de un octavo de aguardiente que llevaban en buen resguardo dentro del bolsillo trasero del pantalón de dacrón. De tanto dar vueltas, se iban mareando, hasta salir borrachos y trastornados, con el gesto agrio. Otros bailarines los reemplazaban dentro de la estructura de escaleras. Los gigantes blancos eran el rey y la reina, con coronas de cartón y largos bucles de oro, los ojos azules y los labios rojos.

Los gigantes negros tenían su propia realeza, aunque pasaran por esclavos o moros vencidos. Todos bailaban para anunciar algún evento importante, procesiones, misas y velaciones. Tal es el caso de la procesión de Jesús Sacramentado (Corpus Christi), siguiendo el mismo recorrido que días después tendría esta procesión.

jueves, 3 de junio de 2010

Por todos los damnificados, de Ciudad Vieja

Dichosos los que sufren
porque ésos van a recibir el consuelo.
Dichosos los que prestan ayuda
porque ésos van a recibir ayuda.
(Mateo 5,1-10)

El día sábado 29 de mayo de 2010 se repite la historia de mi querida Ciudad Vieja, hace 469 años para ser exactos el 11 de septiembre del año 1541 sucedió que un alud del volcán de agua soterró parte de Ciudad Vieja, siendo el área de San Miguel Escobar la mas afectada, este espacio rinde Homenaje a aquellos héroes que salvaron vidas, aquellos que dejaron su casa y lo perdieron todo, aquellos que se solidarizan a cada momento con nuestros vecinos damnificados, pero mas que un homenaje rinde honores a aquellas personas que perdieron la vida en esta tragedia, que Descansen en paz mis queridos Shigualos. Y a las personas que perdieron familiares nos solidarizamos también con ellos, que Dios les de Resignación fortaleza en estos momentos de dolor.

Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.
Madre Teresa de Calcuta


jueves, 27 de mayo de 2010

EL TEMPISCAL DE CIUDAD VIEJA

Sin duda alguna este árbol fue plantado por una sola y sencilla razón, quizás estaba cerca de un arrollo o rió que pasaba por este lugar donde se encuentra plantado, valdría la pena que alguien conocedor de la historia de Ciudad Vieja nos amplié mas el tema para verificar si realmente existió un rió o en su defecto un arrollo cerca, según la historia de Ciudad Vieja, antiguamente existía un nacimiento de agua conocido como el sauce, que estaba ubicado en la parte trasera de lo que antiguamente era la escuela para varones Fray Matías de Paz, otra opción podría ser que este árbol fue plantado en este lugar como símbolo de algún acontecimiento que se llevo a cabo en este Bello y legendario lugar. Según cuentan los ancianos, fue plantado por Don Pedro de Alvarado lo que hace suponer que es una idea errónea ya que los españoles no tenían las mismas culturas y creencias que tenían nuestros antepasados, recordemos que antes de la llegada de los españoles a Ciudad Vieja toda esta área era habitada por indígenas y ello asignaron desde hace muchos siglos, funciones y responsabilidades muy específicas a ciertas especies de árboles para la protección de los ríos, de los animales, de las montañas, del ambiente, de la naturaleza y del mundo en general.

QUÉ SIGNIFICA TEMPISQUE
Según los científicos resulta que nuestro árbol era llamado por los indígenas mesoamericanos de habla náhuatl con el nombre de templixqui, palabra compuesta por templi (orilla del río) e ixqui (cuidador, guardián), cuyo significado correcto sería:
...el que cuida las orillas de los ríos
Cortar o destruir un árbol de templixqui, celoso protector de las delicadas orillas de los ríos, era una idea que sencillamente no existía en la mente de nuestras culturas autóctonas mesoamericanas, pues sabían muy bien las consecuencias de cometer tal atrocidad.
¡Y tuvieron razón! En la actualidad, la destrucción de infraestructura y pérdida de vidas humanas que todos los años provoca el desbordamiento de los ríos de orillas frágiles y deforestadas, nos hacen pensar mucho en la desaparición de todos esos nobles y enormes templixquis que una vez cuidaron celosa y orgullosamente nuestros ríos.
¿DÓNDE HAY ÁRBOLES DE TEMPISQUE?
El tempisque es uno de esos árboles orgullosamente mesoamericanos, cuya distribución natural se inicia desde las Tierras Mayas en Guatemala, México, hasta Panamá, y aparentemente también es natural en algunas de las islas de las Antillas.
APRENDAMOS A RECONOCER AL TEMPISQUE.
Hablar del tempisque es referirse a un árbol corpulento, grande y muy imponente, muy fácilmente reconocible gracias a una gran cantidad de detalles anatómicos inconfundibles.
Efectivamente, los tempisques adultos son árboles de tronco rollizo, erecto y cilíndrico, pero con notables gambas gruesas pero bajas. En las zonas en donde habita el tempisque, son muy contados los árboles de troncos de forma y dimensiones similares.
La corteza es de color gris o café claro, notablemente áspera gracias a la presencia de cientos de placas de formas orgánicas en constante proceso de exfoliación, las cuales dejan una huella de color oscuro cuando se caen.
La copa es por lo general muy densa y de formas redondeadas, aunque también existen algunos de copa extendida. Una de las características más notables del tempisque es su follaje lustroso el cual brilla intensamente cuando refleja la luz del sol. Además, posee un color verde oscuro grisáceo no observado en ninguna otra especie.
Por último, durante los meses de verano cuando la inclemente sequía obliga a todos los demás árboles a botar su follaje, el tempisque mantiene su copa íntegra y resplandeciente.
A pesar del verdor veraniego de la copa del tempisque, se desprende masivamente de todas sus hojas durante los días más calientes del año, y unos 15 días después ya la copa se encuentra nuevamente revestida con su manto de hojas nuevas.
Este fenómeno es posible gracias a una poderosa, profunda y muy eficiente red de raíces que llega hasta las capas subterráneas en donde logra absorber agua retenida en mantos demasiado hondos para otros árboles.
Las hojas del tempisque son simples y alternas, de hasta 15 centímetros de longitud en ocasiones, e inconfundibles por su color verde oscuro grisáceo brillante y su largísimo tallo de color verde claro.
En los árboles, las hojas se presentan solamente en los últimos 20 ó 25 centímetros de las ramitas terminales, formando una especie de penacho.
Por si queda alguna duda, la hoja del tempisque posee una característica no observada en ninguna otra especie de planta.
Este árbol florece abundantemente durante un amplio período comprendido entre enero y marzo, y luego produce una segunda floración muy ligera y breve durante el mes de agosto
Los frutos son unas bayas pequeñas como de 2 cm. de diámetro, redondas y de color verde amarillento cuando maduran.
Las semillas son perfectamente redondas, con una cobertura o cáscara dura, negra y brillante. El corazón del tempisque es fuerte, duro y muy pesado, y con el grano muy entrecruzado, lo cual hace un poco difícil trabajar esta madera en los talleres con herramientas eléctricas o manuales. Jamás se podría pensar en un mueble o en una compleja escultura elaborada con esta indomable madera.
Probablemente la cualidad más notable del tempisque es su extraordinaria resistencia natural a las inclemencias ambientales que ocasionan la pudrición de la gran mayoría de las maderas tropicales que se exponen a la intemperie.
Efectivamente, nuestros antepasados aprendieron desde hace muchos años que la madera del árbol del tempisque tenía la valiosa cualidad que resistía muchos años expuesta a la intemperie, en contacto con la humedad del suelo, bajo la lluvia y demás, lo cual representaba un valioso y muy barato material para la construcción de estructuras fuertes, pesadas y que duraran muchos años sin deteriorarse, por ejemplo: bases y pisos de casas, corrales para el ganado, postes para cercas, puentes, puntales, pilotes para muelles, empalizadas, vigas, y mil cosas más.