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miércoles, 3 de agosto de 2011

Cementerios Clandestinos en Ciudad Vieja Sacatepéquez

Un cementerio es un lugar en el cual se entierran cuerpos muertos y restos incinerados. El término cementerio (del griego: lugar para dormir) implica que el terreno está designado específicamente como terreno para enterrar. Los cementerios en la mayor parte del mundo son el lugar en donde las ceremonias finales de la muerte se observan. Estas ceremonias o ritos varían según la práctica cultural y creencia religiosa. Alrededor del siglo VII, el entierro europeo estaba bajo control de la iglesia y podía ocurrir solamente en el terreno consagrado de la iglesia debajo de las losas del piso y detrás de las paredes. En la mayoría de las culturas los que eran sumamente ricos, tenían profesiones importantes, eran parte de la nobleza o estaban de cualquier otro alto estatus social se enterraban generalmente en criptas individuales dentro o debajo del lugar relevante de la adoración con una indicación del nombre de los difuntos, la fecha de la muerte y otros datos biográficos. En Europa y España esto fue acompañado a menudo con una pintura del escudo de armas de la familia.

Para el caso del país de Guatemala, el concepto de cementerio tal y como se conoce hoy en día, fue introducido a partir de las primeras décadas del siglo XIX, a raíz de las epidemias que azotaron a los vecinos de la Nueva Guatemala de la Asunción y también por el crecimiento poblacional, iniciándose los primeros intentos por aislar del casco urbano, las áreas de enterramiento, más por razones de sanidad, pero a la vez ocasionó la secularización de estos espacios.

Dicho proyecto fue consolidado durante el gobierno liberal del Doctor Mariano Gálvez, a través de un acuerdo de la Asamblea Legislativa de fecha 12 de abril de 1831, sobre el establecimiento de un cementerio general en la Ciudad Capital, y con otro acuerdo de fecha 22 de agosto de 1834, al decretar la construcción de cementerios en toda la república.

En Ciudad Vieja, el 22 de octubre de 1,925 se construyo la portada del cementerio que se encuentra en la salida de este mismo lugar, esto nos indica que para esta fecha ya existía este cementerio.

Un dato interesante que llama mucho la atención es que en octubre de 1983 durante las excavaciones hechas por el Instituto de Fomento Municipal, para la introducción de drenajes a la población de San Miguel Escobar, se encontraron un gran número de entierros en torno a su Iglesia. Se tuvieron que detener tales excavaciones de inmediato y solicitar apoyo de la Policía Nacional y del Ejército de Guatemala para evitar que los vecinos continuaran destruyendo los entierros que continuamente aparecían, aunque finalmente solo se logró la recuperación de seis en condiciones aceptables de un total de 32 registrados. El estado de conservación de los restos era muy precario y la mayoría se trataba de entierros secundarios. Valencia, Miguel S.
1993 Santiago de Guatemala en Almolonga: Evidencias arqueológicas e históricas. En III Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1989 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Villagrán), pp.309-315. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Sin duda alguna en Ciudad Vieja y San Miguel Escobar, existían familias de Elite económica bastante alta que influían en las decisiones de los grandes jerarcas de la Iglesia Católica de aquel entonces, por esta razón cada uno de los integrantes de estas familias eran los privilegiados de ser enterrados al interior de la Iglesia o a sus alrededores.

En real cédula circular de 27 de marzo de 1789 se previno á los virreyes y capitanes generales de las colonias de España en América (incluyendo toda las parroquias de Guatemala) que informaran al rey sobre la construcción de cementerios fuera de poblado, y manifestaran si los fondos de las iglesias podrían sufragar los gastos consiguientes al número de establecimientos de esa índole que en cada población se necesitasen; y algunos años después de reiteró por medio de otra cédula, la prevención a los funcionarios dichos, y se recomendó el asunto a los arzobispos y obispos, a fin de que se hiciesen los cementerios fuera de las poblaciones, en obsequio del estado sanitario, que tanto sufría por los enterramientos dentro de las iglesias y en otros sitios contiguos a éstas.
Hay que advertir que desde que vino a Guatemala la segunda real cédula, que prevenía la mejora de que se trata, ordenó el capitán general que se ejecutase lo indicado en ella, y con tal objeto fue transcrita la orden a los intendentes de las provincias, a los alcaldes mayores y corregidores de los diversos partidos.
En el año de 1,989, durante la remodelación y demolición de muros antiguos en los jardines de la mansión perteneciente a Casa Alianza (conocido hoy como El Cortijo), los trabajadores encontraron restos óseos. El caso fue denunciado a las autoridades correspondientes y las osamentas fueron extraídas sin ningún tipo de control científico ni registro, exceptuando algunas fotografías tomadas por el Director de la institución. Las osamentas fueron enviadas al médico forense local, quien dictaminó que se trataba de osamentas humanas pertenecientes a varias personas, con una antigüedad mayor de 50 años.

Por no existir testigos y con el objetivo de aclarar si las osamentas fotografiadas eran realmente antiguas o si eran parte de un cementerio clandestino de época reciente, ex-laborantes de Casa Alianza promovieron una nueva diligencia de exhumación, siendo apoyados por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala y por la organización Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Guatemala (FAMDEGUA).

El EAFG inició la investigación antropológico forense el día 14 de marzo de 1,994, descubriendo 20 osamentas humanas con peculiaridades muy distintas a las encontradas en un cementerio clandestino típico y sin señales de violencia (EAFG 1994b). Un análisis cuidadoso de todos los rasgos arqueológicos del contexto llevó a la conclusión de que se trataba de un cementerio legal de época antigua, razón por la cual el caso fue remitido a las autoridades del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala y al Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala. Expertos de ambas instituciones dictaminaron que el hallazgo correspondía un cementerio antiguo cuya fecha y procedencia podrían ser determinados únicamente a través de un proyecto arqueológico, dado que el lugar ha sido ocupado ininterrumpidamente desde el siglo XVI (año 1,600); además recomendaron cubrir nuevamente todas las excavaciones con el fin de preservar las osamentas y rasgos arquitectónicos antiguos asociados mientras se instala un proyecto arqueológico.

La importancia de esta exhumación radica en que no es imposible ni extraño encontrar un cementerio clandestino en casi cualquier lugar en Guatemala y por ello siempre que se localicen osamentas humanas existe una fuerte posibilidad de que se trate de algunos de los miles de desaparecidos y siempre será necesario someterlas a un minucioso análisis. Este caso ilustra también la importancia de una cuidadosa excavación arqueológica, pues no fue necesario realizar la exhumación y análisis de las osamentas para determinar que no pertenecen a época reciente.



Se tiene información que en algunos lugares de Ciudad Vieja a la hora de realizar una construcción o una excavación aun se encuentran recipientes de barro al estilo de ollas o vasijas, conteniendo en su interior restos humanos como lo vemos en la siguiente ilustración.


De esta manera era como enterraban a sus muertos los primeros habitantes de estas tierras, los Kakchiqueles, pertenecientes a la ciudad de Iximché que era la capital de los Kakchiqueles, tal y como lo indica el párrafo siguiente.
A la llegada de los españoles a su territorio, en 1,524, los mayas del período clásico (alrededor del 800 d. C.) habían dejado de ser una civilización compleja y organizada. Sus descendientes se encontraban divididos en un buen número de señoríos y/o ciudades-estado como:

  • Utatlán o Q'umarkaj capital de los Ki'che',
  • Iximché, capital de los Kakchikeles,
  • Zaculeu o Saqulew, capital de los Mames,
  • Mixco Viejo, capital de los Pokomames,
  • Chuitinamit, capital de los Tz'utujil,

martes, 16 de noviembre de 2010

El convite de Ciudad Vieja

Era costumbre en la víspera, anunciar el recorrido con un convite. En cada esquina se quemaba una bomba. Se iniciaba con los encamisados montados a caballo. Iban vestidos de blanco con cintas celestes y las patas de los caballos, adornadas con cintas rojas y doradas. Se cubrían la cara con un velo. A cambio de ayuda económica voluntaria, repartían hojitas con unos versos dedicados a la Virgen María que escribía Juanito Solares. Le seguían las “partidas de fieros” que eran grupos de parejas con disfraces especiales y cubierta la cara con una máscara hombre y mujer que danzaban en cada esquina al compás de una marimba sencilla. Personaje jocoso y que jamás faltaba, era el Mico… En una mano llevaba un chicote y en la otra una alcancía. Pero su papel principal era el de sacar el “de repente”. Danzaba alegremente y de pronto decía “Yo te saco de repente. Y te saco de un baúl, para mis frutas me ha de dar, mi amigo don Raúl.” Acercaba la alcancía a don Raúl para que depositara su óbolo y con el chicote amenazaba cualquier desplante y no se retiraba hasta que don Raúl soltaba la monedita.

Seguía el tambor y el pito, que anunciaba que detrás venías seis u ocho carretas haladas por bueyes adornados con papel brillante.- En la carrocería se levantaban entablados donde se representan por niños y niñas escenas de la vida de la Virgen María. Alegorías artísticas diseñadas con mucho cariño y entusiasmo, como los Siete Pecados Capitales y las Siete Virtudes Teologales. Los niños y las niñas iban revestidos de angelitos, pastores, de reyes magos o de inditos, pero la que más emocionaba a grandes y pequeños era la carroza de los diablos. Al frente el diablo mayor señalaba a una persona y luego la anotaba en un gran libro. Por supuesto, que los que más sufrían eran los niños cuando veían las señas del diablo y creían que su nombre lo apuntaba. Los demás hacían sonar quijadas de buey, al tiempo que soltaban voces de ultratumba.


Desde las primeras horas del 8 de diciembre, los vecinos lucían sus mejores galas y se encaminaban a la iglesia principal para participar en la Misa Solemne. Un coro formado por señoras y señoritas soltaban sus voces cantarinas y el humo del incienso llenaba la nave del templo. Era costumbre que en la plazuela se colocaran numerosos fieles con una granada cada uno. Esperaban pacientes el final de la Misa para quemarlas. Era la ofrenda devocional y amorosa a su patrona.

jueves, 21 de octubre de 2010

Hiatoria de los Retablos Coloniales

La palabra retablo tiene su origen en las voces latinas retro, detrás, y tabula, mesa o altar. Y así es como se denominan a las estructuras que se levantan delante de los muros internos de un templo. Los retablos están constituidos esencialmente por elementos arquitectónicos, como columnas y entablados, los cuales crean espacios destinados a contener pinturas y esculturas. En Guatemala se manufacturaron exclusivamente en madera, preferentemente cedro, muchas veces recubierta con lámina de oro. Además de enriquecer los muros internos del templo y de constituir el principal elemento del mobiliario eclesiástico, tienen como función primordial narrar de un modo gráfico, los principales pasajes de la historia y la vida de los santos, o algún otro tema religioso.

El gran tamaño de los retablos obviamente implica un trabajo colectivo. Según la Historia de la Imaginería Colonial en Guatemala, de Heinrich Berlin, además de los oficiales y aprendices que tomaban parte en su ejecución, cuatro diferentes artistas podían intervenir: ensambladores, escultores, doradores-estofadores y pintores. A los primeros les correspondía hacer el propio retablo con todos los ornamentos tallados. Los ensambladores se encargaban de hacer el propio retablo con todos los ornamentos tallados. Los escultores por su parte hacían las estatuas de bulto o de medio relieve, dejando su parte sin dorar ni pintar. Los doradores doraban los retablos con oro legítimo utilizando a veces en adición matices de otros colores. Ellos mismos usualmente aplicaban el estofado a las imágenes, en cuyo proceso cubrían las imágenes con una delgada capa de yeso sobre tela, en la cual luego aplicaban oro y pintura. Finalmente, los lienzos de pintura eran hechos por pintores profesionales.

Varios cronistas del reino de Guatemala han dejado atestiguado en sus obras las diversas formas de ornamentar los templos, así tenemos que Fray Antonio Remesal primer cronista del reino, menciona entre 1615 y 1617 que los retablos eran muy pobres en esta época. Luego de la pobreza inicial que Remesal señala, se tiene otro testimonio de Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán para la última década del siglo XVII, quien describe los ornamentos de los templos como "...elegantes... adornados de pulidos y maravillosos retablos, ricos, majestuosos ornamentos...". En su obra, la Recordación Florida, se encuentran innumerables citas en las que se señala la riqueza de los ornamentos de los templos del obispado de Guatemala, principalmente en el altiplano central y occidental.

Con el paso del tiempo y por varias razones, muchos retablos guatemaltecos han sufrido cambios iconográficos y formales. Entre las causas principales se pueden mencionar las preferencias devocionales de los fieles, el traslado de los retablos desde La Antigua Guatemala al valle de la Ermita después de los terremotos de 1773, los daños ocasionados a los templos de la ciudad de Guatemala y muchos pueblos del altiplano por los terremotos de 1917-1918 y 1976, así como el desconocimiento del valor histórico y artístico de los retablos, por los encargados de los templos.

lunes, 12 de julio de 2010

HISTORIA DE LA FINCA EL POTRERO EN CIUDAD VIEJA

La finca el potrero se encuentra en Ciudad Vieja, en el departamento de Sacatepéquez, a unos cuantos kilómetros de La Antigua Guatemala. Su ingreso no pasa desapercibido ya que la carretera que viene de La Antigua topa con él y marca la llegada de Ciudad Vieja.

El casco de la finca, que consta de la casa patronal, los patios, el beneficio, el corral y la oficina administrativos, se encuentran al ingreso, y a menos de 300 metros de la Catedral de Ciudad Vieja

Desde cualquier punto de la propiedad, se puede apreciar: al Norte, las colinas que limitan la finca y al sur, el imponente Volcán de Agua en todo su esplendor.

La finca ha tenido varios dueños, aunque todos de la misma familia, ya que ha sido heredada a sus respectivos descendientes.

El primer heredero fue Don Carlos Herrera Luna que adquirió la finca en 1889 bajo Herrera y Co. Limitada. Luego pasó a manos de Carlos Herrera Dorión y éste a su vez, la dejo a sus hijos quienes formaron la sociedad Herrera Hermanos.

En 1979, la finca quedó en manos de dos hermanas, bajo el nombre de Sara Herrera y Condueños.

En 1984 la propiedad se dividió en dos, al morirse las dos hermanas que eran las dueñas, quienes la dejaron a sus hijos respectivamente: una parte a los señores Minondo Herrera y la otra a Sara Arroyo Herrera de Olivero. El tamaño de la finca en ese entonces era de 8 caballerías. Los Minondo Herrera se quedaron con 4.5 caballerías que se dividieron en tres, mientras que el resto, 3.5 caballerías, de Sara Arroyo Herrera de Olivo, actual dueña de la finca, conservo el casco y el nombre de la finca, “El Potrero”

A lo largo de los últimos años se han vendido algunas parcelas, por la construcción de una nueva carretera que atraviesa la finca. Actualmente tiene una extensión un poco menor a 3 caballerías.

La finca originalmente poseía ganado y por lo tanto producía cueros; luego hubo también un poco de cochinilla, así como Nopal, Pero fue entre los años 1920 y 1925, que se empezó con la siembra de café, práctica que sigue hasta nuestros días. Aunque hay que destacar que se han hecho también otros cultivos. De 1985 hasta finales de los años noventa, se sembró frambuesa, mora silvestre, zacateras, nopal, verduras y por mucho tiempo rosas de exportación. Se llegaron a emplear hasta 20 manzanas para cultivos de hortalizas.

La casa patronal es de dos niveles, y fue construida en 1905, aunque el segundo nivel actual se reconstruyo después del terremoto de 1976. Adaptación al agroturismo de Finca El Potrero, Ciudad Vieja, Sacatepéquez

miércoles, 16 de junio de 2010

História del baile de los gigantes, costumbre y tradición en Ciudad Vieja


Los gigantes existen en 90 países, con orígenes muy diversos. Algunas de las figuras ya se hallan documentadas en el siglo XV, tanto en África como en Asia y Europa. Al llegar los primeros europeos a América diversas tribus ya poseían gigantes.

El origen de la tradición en España, data de la Edad Media. Las tierras de la península en la zona musulmana tenían prohibido por el Corán representar seres vivos. Al avanzar la reconquista, con sus repobladores cristianos, desplazando a los pobladores musulmanes, o asentándose en poblaciones separadas, llevaron consigo sus tradiciones. Tal es el caso de Guatemala que adopto tradiciones traídas por los españoles en tiempo de la colonia. En pleno Camino de Santiago, el Reino de Navarra como reino cristiano más importante, del cual además, surgieron las dinastías reales peninsulares, fue durante mucho tiempo el modelo a seguir. Las primeras referencias escritas datan de 1,201 en Pamplona (Navarra) con tres gigantes que representaban a tres personas de Pamplona: Pero-Suciales (leñador), Mari-Suciales (aldeana) y Merá Gotero (judío). Solían salir en la procesión de San Fermín el 25 de septiembre.

Pasó la costumbre al Reino de Castilla en España y sobre todo a la Corona de Aragón. Es costumbre de origen medieval, muy popular acompañada de marchas, y grupos musicales en pueblos y ciudades de Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla - La Mancha y norte de España. Más tarde, la tradición de los gigantes, fue extendiéndose por España y el mundo entero.

Sin duda alguna los españoles que venían con don Pedro de Alvarado impusieron sus costumbres y tradiciones españolas
en tierras guatemaltecas, por lo que el Baile de los Gigantes que Actualmente se ejecuta en varios departamentos de Guatemala, es un gran ejemplo de las tradiciones que nos dejaron nuestros antepasados, probablemente el baile de los gigantes de Ciudad Vieja sea una de las tradiciones más antiguas que aún se conservan en este pueblo.

Cuentan los viejitos de este pueblo que antiguamente los gigantes bailaban de esquina en esquina, con sus cabelleras de muñeca, unos rubios y otros negros como tizón. La marimba viajaba detrás, cargada en hombros de músicos descalzos, de saco azul y corbata negra. Los espectadores nos agrupábamos a su alrededor, distantes de los enormes brazos que giraban repartiendo posibles sopapos, y presenciábamos el espectáculo con una sonrisa dibujada en la cara. Los desocupados seguían el convite unas cuantas cuadras, hasta que eran relevados por la gente de otro barrio. Otras personas buscadas por las cofradías se encargaban de colocar en las esquinas el tubo rojo de base plana, donde quemaban esas bombas pardas con apariencia de ratones de larga cola. El olor de la pólvora tenía un regusto muy particular, mezclado con el tabaco quemado de los puros o cigarrillos sin filtro que fumaban los ancianos.

Debajo del ve
stido de grandes botones, un pequeño bailarín cargaba la estructura de madera. Para no chocar y mantenerse dentro del círculo se disponía de una abertura por el ombligo del gigante. Al principio, bailaban emocionados, y luego se animaban con sorbos de un octavo de aguardiente que llevaban en buen resguardo dentro del bolsillo trasero del pantalón de dacrón. De tanto dar vueltas, se iban mareando, hasta salir borrachos y trastornados, con el gesto agrio. Otros bailarines los reemplazaban dentro de la estructura de escaleras. Los gigantes blancos eran el rey y la reina, con coronas de cartón y largos bucles de oro, los ojos azules y los labios rojos.

Los gigantes negros tenían su propia realeza, aunque pasaran por esclavos o moros vencidos. Todos bailaban para anunciar algún evento importante, procesiones, misas y velaciones. Tal es el caso de la procesión de Jesús Sacramentado (Corpus Christi), siguiendo el mismo recorrido que días después tendría esta procesión.

jueves, 3 de junio de 2010

Por todos los damnificados, de Ciudad Vieja

Dichosos los que sufren
porque ésos van a recibir el consuelo.
Dichosos los que prestan ayuda
porque ésos van a recibir ayuda.
(Mateo 5,1-10)

El día sábado 29 de mayo de 2010 se repite la historia de mi querida Ciudad Vieja, hace 469 años para ser exactos el 11 de septiembre del año 1541 sucedió que un alud del volcán de agua soterró parte de Ciudad Vieja, siendo el área de San Miguel Escobar la mas afectada, este espacio rinde Homenaje a aquellos héroes que salvaron vidas, aquellos que dejaron su casa y lo perdieron todo, aquellos que se solidarizan a cada momento con nuestros vecinos damnificados, pero mas que un homenaje rinde honores a aquellas personas que perdieron la vida en esta tragedia, que Descansen en paz mis queridos Shigualos. Y a las personas que perdieron familiares nos solidarizamos también con ellos, que Dios les de Resignación fortaleza en estos momentos de dolor.

Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.
Madre Teresa de Calcuta