Durante la colonia se acostumbraba que las exequias de los pobres fueran administradas por un sacerdote, un sacristán y dos acólitos. En la ceremonia se utilizaba la cruz baja de madera, llamada así por ser considerada cómo de segunda categoría. Tenía derecho a una misa cantada y a una vigilia durante el primer día de su muerte, lo que hoy se conoce como Velorio o Velatorio. En cuanto a los cobros, éstos variaban y por eso recibían limosnas que los familiares del difunto quisieran dejar.Generalmente quien pagaba más por los servicios tenía acceso a prestaciones de mayor lujo en
las pompas fúnebres. Sus partidas de defunción se anotaban en libros especiales, indicando el nombre, la procedencia, la edad, profesión, estado civil y causa de la muerte. Mientras que en los templos catedrales, tal es el caso de la Catedral de la Purísima Concepción de María de Ciudad Vieja, tenían la obligación de vigilar escrupulosamente las inhumaciones (Inhumación proviene del lat. «in» (en) y «humus» (tierra). «Acción de enterrar un cadáver». En consecuencia, cualquier otro destino que se dé a los cadáveres (sepulcro, nicho o cremación) no entrará dentro del concepto estricto de inhumación. http://es.wikipedia.org/wiki/Inhumación
contrario, se castigaba a los deudos con la pena de excomunión. Incluso, cuando había un difunto en algún rancho o estancia dentro de la jurisdicción parroquial, el teniente de cura o su vicario debían acudir a los responsos (Responso: se suele aplicar a las oraciones dedicadas a los difuntos. Ello se debe a que, tradicionalmente, adoptaban esta forma) http://es.wikipedia.org/wiki/Responso
Cuando la persona se encontraba en el lecho de muerte, hacía su testamento, en el cual solicitaba su inhumación en el templo, con misa de cuerpo presente y su novenario de rosarios, ya fueran cantados o rezados según en caso. Se le llevaba el sacramento de extremaunción al enfermo, consistente en una pequeña confesión de sus pecados, donde pedía perdón por los pecados cometidos a lo largo de su existencia, luego hacía su auto de profesión de fe, reconociendo el misterio de la santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), su deseo de morir como buen católico cristiano y pedía que la Virgen María, bajo cualquiera de sus advocaciones, fuera su abogada.

